No es una frase de marketing: son decisiones concretas del producto.
Con una tablet en la mano y prisa. Texto que se lee a un metro, botones que se aciertan con el dedo y lo urgente siempre arriba.
Entra alguien sin reserva y hay cola en la puerta: nombre, personas, mesa y ya está sentado. Sin rellenar una ficha entera.
No escondidas dentro de una ficha. Se ven en la lista del día y salen destacadas en rojo en la hoja del servicio.
Si entra una reserva por la web o la toca un compañero desde otro aparato, la pantalla se actualiza sola. Sin tener que recargar.
Tus mesas y tus límites por turno se respetan aunque entren varias reservas a la vez desde la web. Lo que ves en la pantalla es lo que vas a tener en la sala.
Ves quién viene por décima vez, quién dejó plantada la mesa y quién celebra algo. Y puedes escribirles, porque los datos son del restaurante.
Una cuota fija al mes. Da igual que llenes o que sea martes: nadie se lleva un porcentaje de cada persona que entra por tu puerta.
El formulario va en tu página, con tu nombre y tu logo. El cliente reserva contigo, no en un portal lleno de competencia.
Porque el papel en el pase no se cuelga ni se queda sin batería. Con horas, mesas, comensales, menús y alergias.
Un aviso al cliente antes del servicio, en su idioma, con un enlace para confirmar o anular. Menos mesas vacías el sábado.
Tus mesas donde están de verdad, con sus formas, y la opción de juntarlas para un grupo de ocho.
Turnos, mesas y aforo montados por alguien que sabe lo que es un cambio de turno. Sin coste y sin que tengas que aprender nada.